martes, 3 de enero de 2012

¡EL DIARIO DE UN REY MAGO!

Diario de Gaspar.
Día 22 de diciembre del 2011:
Querido diario: hace mucho que no te escribo. Ya sabes que estos son días de alegría, fraternidad y de mucha, mucha ilusión. Pero ya sabes que estos días también son frenéticos para mí y mis compañeros de trabajo: Melchor y Baltasar. Son días de ir de un lugar para otro del mundo recogiendo las cartas de todos los niños, hoy en España, mañana en Inglaterra, y pasado en Florida.
Pero he de confesarte mi querido diario, que no importa estar exhausto, merece la pena cuando ves el brillo en los ojos y la ilusión de cada niño, cuando se sienta en tu regazo para contarte que este año ha sido muy bueno y todos los regalos que quieren a cambio.
Hoy por ejemplo, hemos estado en Rio de Janeiro, y tengo que decirte que el viaje ha sido un poco difícil, sobre todo por la alta temperatura que nos hemos encontrado en aquella preciosa tierra: 23ºC. Tú sabes que nuestras vestiduras son muchas, gruesas y calentitas, ¡así que imagínate lo que hemos pasado mezclando nuestras vestiduras con esa temperatura!
Nunca le he contado a nadie la realidad de los reyes magos. Nosotros no somos los mismos que visitaron al niño Jesús en el pesebre, en la ciudad de Belén. A Dios le emociono tanto la cara de felicidad que puso su Hijo, que quiso que todos los niños a lo largo de todos los años, sonrieran del mismo modo, y es entonces cuando nace la tradición del día de los Reyes Magos. Desde entonces esta tarea se encomienda de generación en generación. ¡No pienses, mi diario, que vestimos todo el año de la misma manera! Las vestiduras que nos caracterizan las usamos únicamente la noche de la ilusión, cada 6 de enero, y los días previos cuando recogemos las cartas.
Como hemos llegado un poco antes de los previsto, antes de ponernos a recibir a los niños brasileños, nos hemos dado una vuelta por esta hermosa ciudad. Sabes, de un año para otro ¡las cosas cambian mucho!
Hoy me ha pasado algo que nunca olvidaré. En esta ciudad nos han colocado nuestros tronos en una plaza muy grande que estaba repleta de niños acompañados de sus padres, que estaban deseosos de hablar con nosotros. Cuando llevábamos como dos horas hablando con cada niño, he echado un vistazo a la inmensidad de la plaza, y sin darme cuenta me he quedado un rato mirando fijamente a una niña, que después he sabido que se llamaba Ana. Y al contrario que el resto de los niños, ella tenía el rostro triste, no sonreía, y tenía carita de cansada.                                            
Me he quedado tan impactado, que le he pedido a uno de mis pajes que me hiciera el favor de ir a por ella y traérmela. Muy nerviosa se ha sentado en mis piernas. Lo que más me ha impresionado de ella es lo que me ha pedido por navidad: que volviera su papá. Es entonces cuando me he dado cuenta, de que por muy famosos que seamos y por mucha magia que tengamos, los Reyes Magos no lo podemos hacer todo, no podemos hacer realidad todos los deseos.

Día 23 de diciembre del 2011:
Hoy después he dormir mucho. Me metí en el sobre discurriendo en lo escrito recientemente: ¿de qué me sirve mucho poder si no puedo proteger, socorrer y defender? Y he caído en la cuenta de que el poder que convierte este mundo en otro mejor, que puede producir gente feliz es un poder que no todos son conscientes que tienen. Todos los hombres poseen dicho poder: disposición a perderse en los otros.

Día 26 de diciembre del 2011:
Siento no haberte escrito antes, mi querido diario, pero tú sabes muy bien que estos dos días pasados son para vivirlos en familia y eso conlleva dedicarles mucho tiempo a la gente que quieres, a demás para nosotros estos son días de descanso, pues ahora viene lo más duro para mis compañeros de trabajo y para mí.
Ya sabes que nosotros nos preparamos durante todo el año para el día 6 de enero de cada año, donde recorremos todo el mundo, casa por casa, repartiendo ilusión en forma de regalos para todos aquellos niños que ese año han sido muy buenos.
Hoy después de todo el jaleo de familia de estos dos últimos días, he estado colocando todas las fotos que nos hemos hecho, en el ordenador portátil que mis compañeros magos me regalaron el año pasado en navidad, y ha sido inevitable echar un ojo a los archivos guardados durante todo este año.
¡Y no sabes cómo me he reído yo solo! Mi mujer se ha mosqueado conmigo, porque dice que no puede ser que me riera tanto yo solo acompañado únicamente de una maquina. Me he acordado cuando en mayo, me fui con unos amigos a Asturias, para hacer el descenso del Sella. Nosotros descubrimos un Sella que normalmente la gente no suele ver… ¡lo hicimos casi todo de espaldas porque no éramos capaces de mantener la canoa derecha! Y a pesar de que nuestro monitor, que antes de comenzar el descenso nos dio una nociones básicas de cómo funcionan y de cómo controlar una canoa, y dijo que era casi imposible que una canoa volcara, ¡nosotros caímos al agua hasta en tres ocasiones!
También he estado viendo las fotos de la JMJ. Esos días en los que unos amigos nicaragüenses vinieron con nosotros a ver al Papa a Madrid. Nosotros los conocimos unos años antes, cuando en un verano, cuando yo era joven, un grupo de amigos y yo nos fuimos de viaje misionero a aquellas preciosas tierras. Ellos nos acogieron en sus casas, nos enseñaron los lugares más bonitos y las costumbres más características. Pero todo se acaba.
Sabiendo que el Papa venia a Madrid, se nos ocurrió invitarles y poder devolverles la hospitalidad que nos mostraron ellos a nosotros. ¡Y aceptaron!
¡Qué bien lo pasamos! Fue una de las mejores experiencias que he tenido. Compartir con tanta gente distinta y de tantos lugares distintos un mismo sentir y además mostrárselo al mundo. Esos días tuvimos que camuflarnos entre la gente, para lo que nos compramos ropas occidentales sino ¡imagínate que los dos millones de personas que había en cuatro vientos nos reconocieran! Eso hubiera sido un caos.
Y como no… ¡las fotos de mi cumpleaños! Fue un día familiar precioso. Entre todos, y sin que yo lo supiera, prepararon una fantástica fiesta ibicenca, donde todo el porche estaba adornado con guirnaldas blancas, globos blancos, manteles blancos y ¡hasta la tarta era blanca! Después de haber estado entretenido todo el día sin saber lo que tramaban, me llevaron a casa y me metieron en una habitación diciéndome que tenía que ponerme lo que hubiera encima de la cama, y yo obediente lo hice: camisa blanca, pantalones blancos, zapatos blancos. Después de la cena, los regalos, los bailes, las risas… ¡hasta altas horas de la madrugada!
He estado pensando que la gente puede que tenga una idea muy limitada de los Reyes Magos, estoy seguro de que creen que solo hacemos cosas en navidad, que el resto del año nos lo tiramos entero metidos en casa sin salir, ¡como si invernáramos!, pero… ¿qué caras se les quedarían si vieran todas estas fotos? ¿Cambiarían su idea de nosotros? ¡Seguro que se quedarían estupefactos!
La verdad es que ha sido reconfortante mirar hacia atrás y ver que el año que acaba no ha sido tan malo como en un principio parecía, no me ha faltado lo más importante ni un solo minuto: la familia y los amigos.

Día 28 de diciembre del 2011:
Leyendo lo que te contaba el ultimo día, querido diario, me han asaltado recuerdos que no son tan buenos como los contados el día anterior. La vida no está hecha solo de buenos momentos.
Me acuerdo cuando, después de estar preparando durante muchos meses el viaje a Londres con la familia, de tener pensado cada detalle del viaje, de tener la mochila llena de ilusión por ese viaje…llegamos al aeropuerto cargados con nuestras maletas con muchísimas ganas de pasar juntos esos días y… ¡hay huelga de pilotos!
¿Que hicimos nosotros para merecer eso? Después de madrugar muchísimo para no llegar tarde y poder facturar nuestro equipaje, llegamos a nuestro mostrador y la señorita de la compañía nos dice que lo siente muchísimo pero que no podemos volar. Y encima después de mucho reclamar demostrador en mostrador, no pudimos viajar.
Y esto me lava a recordar aquella vez que preparamos una casa rural con todos los amigos para un fin de semana y tampoco pudimos ir, porque dos días antes va y se nos estropea el motor del coche. Una pieza que nos tenían que traer desde Alemania, ¡el coche en el taller una semana!
¡Parece que estamos gafados para hacer viajes! Todos pueden pensar que porque no lo arregle yo mismo ya que soy un rey mago, pero lo que la gente no sabe es que mi magia solo funciona para los deseos y las ilusiones materiales de los demás, sobre todo de los más pequeños de la casa. No puedo utilizar la magia en beneficio propio.
Y poniéndonos a recordar viajes nefastos de este año que termina, me acuerdo de cuando llegamos a las islas Bahamas y ¡resulta que nos habían estafado por internet! Habíamos contratado un todo incluido para el puente de la Inmaculada, y el hotel no existía. Perdimos todo ese dinero y encima tuvimos que pagar otro, no podíamos quedarnos a dormir en la calle.
Estas son tres de las peores cosas que me han pasado este año, pero tengo que reconocer querido diario, que a pesar de las malas situaciones siempre terminamos disfrutando de los planes hechos aunque de una manera que no esperábamos.
Los importante no es quedarse y mirar únicamente las cosas por lo que son, si no por lo que te hacer ser.

Día 1 de enero del 2012:
¡FELIZ AÑO NUEVO! Que cansado estoy después de toda la fiesta que tuvimos anoche para despedir al 2011. Después de estar toda la mañana y parte de la tarde preparando la cena, toda la familia nos reunimos de nuevo alrededor de la mesa para pasar juntos dicho momento.
Ya sabes, querido diario, que después de la cena vienen las uvas con las doce campanadas, y después los abrazos y las felicitaciones uno por uno a toda la familia, el descorchar el cava, brindar…
Pero la fiesta no se quedo ahí. Después de eso, los amigos hicimos una fiesta donde lo pasamos realmente bien. Cada uno de los invitados tenía que ir vestido de un personaje que no fuera el mismo: por ejemplo, ¡Papa Noel vino disfrazado de reno!, ¡Baltasar de Papa Noel! Fue muy divertido ver la suplantación de identidad que cada uno hicimos de los otros.
Hoy al ponerme a escribirte mi diario, no he podido dejar de pensar en lo rápido que pasa el tiempo, que sin darte cuenta los días pasan, y que en muchas ocasiones mal gastamos el tiempo. Me he acordado de todos los planes que tenía en el año pasado para hacer y que por una cosa o por la otra, no están hechos.
Así que este año tengo como propósito vivir al máximo cada instante y no dejar pasar la oportunidad de hacer cosas. He pensado en empezar este nuevo año por las cosas que quise hacer el pasado y no hice.
Entre otras cosas: me hubiera encantado poder haberme apuntado a un curso de cocina, porque mi mujer siempre se queja de que nunca la ayudo con las cosas de la casa, que reparto muchos regalos a todo el mundo todos los años, y que nunca tengo detalles para ella, de esos que llegan al corazón. Así que de este año no pasa: por nuestro aniversario la sorprenderé con mis dotes culinarias.
Grecia es un país que me encanta y que únicamente conozco de pasar muy rápido para repartir regalos cada año. Siempre he querido verla a fondo, me fascina la cultura griega antigua, su arte. Así que hay va orto propósito de este año: visitar Grecia.
Y como no… el propósito que me pongo cada año y nunca cumplo: apuntarme al gimnasio. Cuando paso de casa en casa repartiendo regalos me miro en los belenes que las familias ponen y ¡siempre estoy gordo! Y eso no puede ser, tengo que mantener mi línea.
Todas estas cosas no las hice el año que acaba de terminar. Espero que el 2012 sea distinto y tenga el valor y la constancia de conseguirlas.

Día 6 de enero del 2012:
¡Ya hemos terminado! Ha sido una noche movidita. Esta es la noche para la que nos preparamos todo el año. Melchor, Baltasar y yo no hemos parado, de un lugar a otro, de una casa a otra, con nuestra lista de regalos para cada uno de los niños. Pero merece la pena imaginarse las caras de cada uno de los destinatarios de los regalos cuando se levanten por la mañana para abrirlos.
Me encanta repartir ilusiones envueltas en suave y aterciopelado papel de regalo, sabiendo que seguro hemos acertado.
Hemos terminados muy cansados, pero ¡con el estomago lleno! En cada casa habían preparado algo para nosotros y para nuestros camellos: riquísimos polvorones y leche calentita.
Todas las casas estaban silenciosas que contrastaba con el sonido chirriante de algunas puertas cuando las abríamos. Que mal lo hemos pasado para intentar que los habitantes de esas casas viejas, que olían ha viejo pero agradable, no se despertaran. Nunca nos ha pasado, y no quisiera saber que podría ocurrir si alguien nos escuchara y ¡se levantase mientras estamos dejando los regalos y nos viera!
Las casas estaban preciosas, adornadas con muchos colores, luminosas.
Mis compañeros y yo estamos agotados de tanto repartir por todo el mundo la ilusión de la navidad, pero hay que pensar ¡que tenemos tiempo para descansar hasta el año que viene!
Y tu tranquilo querido diario, porque ahora tendré más tiempo para poder escribirte cada día.

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